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Ícaro.
(Fuente: www.iac.es)

Bueno, volvemos a lo mismo. He vuelto a dejar el blog. Normalmente suelo culpar a la universidad, que me tiene muy ocupado, pero en este caso ha sido diferente. La responsable es la pereza. Sí, soy alguien muy vago. Me encanta la divulgación, pero me cuesta mucho ponerme a escribir cuando llego a casa agotado después de una intensa jornada. Me conozco y sé que si no hago lo que voy a explicar a continuación volveré con lo mismo, por lo que me he planteado un objetivo más estricto. A partir de esta entrada, todas las publicaciones del blog (al menos la mínima semanal que me propuse publicar) serán subidas a la web los martes. Así que, sin más dilación, comencemos.

La protagonista de hoy es una estrella. Un objeto que no es nada especial, ya que sólo en la Vía Láctea se estiman que hay más de 300.000 millones de ellas, así que ¿por qué esta es tan especial? Aunque sus características como cuerpo estelar no sean para tirar cohetes (no se trata de nada revolucionario), Ícaro, así se llama nuestra protagonista, se encuentra a 9.000 millones de años luz de la Tierra, convirtiéndola en la estrella más lejana jamás observada. Para que os hagáis una idea de su lejanía, sólo decir que el Universo visible deja de serlo a 46.500 millones de años luz desde nuestro planeta, por lo que la cifra no es moco de pavo. ¡La luz que nos llega hoy fue emitida por Ícaro cuando el Sistema Solar ni siquiera existía!

Muchos os preguntaréis, ¿cómo es posible que la hayamos podido observar estando tan lejos? Por si sola hubiese sido tarea imposible, pero gracias a un fenómeno cósmico muy curioso e íntimamente relacionado con la teoría de la relatividad general los científicos han podido detectarla. Hablamos de la lente gravitacional. Dicha herramienta, que nos brinda el Universo, nos permite observar el brillo amplificado de muchos objetos, desde estrellas hasta galaxias e incluso planetas. Imaginemos que entre el observador, situado en la Tierra, y el objeto que queremos observar se encuentra un cúmulo de galaxias o un objeto similar, es decir, algo con una gran masa. Los rayos de luz emitidos por el objeto de observación se acercan al objeto intermedio cuando recorren el camino hasta nuestro planeta. Dichos rayos son concentrados en su viaje, aumentando su brillo, pudiendo llegar a 2.000 veces como es el caso. Todo esto es gracias a la deformación del tejido espacio temporal provocado por la lente, convirtiéndola en una especie de lupa gigantesca que facilita la tarea a los astrónomos. Seguramente no me habré explicado lo suficientemente bien, por lo que os dejo un enlace a un artículo de Naukas donde lo comentan de manera mucho más rigurosa.

El objeto que provocó dicho fenómeno es un cúmulo de galaxias bautizado como MACS J1149+2223, el que a su vez ha dado el nombre oficial a la estrella. Ícaro, en realidad, se llama MACS J1149+2223 Estrella lentificada 1″, pero está claro que el primer nombre le viene mucho mejor y es de gran ayuda para el público en general. La “unión” de ambos objetos permitió al Telescopio Espacial Hubble, el instrumento que la detectó, descubrir que Ícaro es una supergigante azul, un tipo de estrella mucho más masiva y caliente que el Sol (con temperaturas superficiales entre 10.000 y 50.000 K, mientras que el astro rey solo llega a los 5.000 K). Además, imágenes obtenidas posteriormente en 2016 (el descubrimiento fue realizado ese mismo año) han hecho sospechar a los investigadores que podría tratarse de un sistema binario, con dos estrellas orbitando una alrededor de la otra.

Por último, comentar también que parte del equipo investigador implicado en este descubrimiento es del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), uno de los centros más importantes del mundo en su campo. Es un orgullo decir que comparto isla con grandes investigadores, científicos con los que me gustaría trabajar algún día. A pesar de los importantes descubrimientos que suelen llevar a cabo, la difusión de noticias suele ser bastante pobre a no ser que se trate de un hallazgo asombroso que maraville al gran público. Sin embargo, el tratamiento a este tipo de noticias que se les da en los medios nacionales es pésimo, impidiendo que la audiencia se entere. Por ello, es de vital importancia la divulgación científica, una herramienta que nos permite tener una sociedad mucho más culta.

También decir que el pasado 15 de marzo tuve la oportunidad de asistir al COEFIS XI (Congreso de Estudiantes de Física) organizado por la Universidad de La Laguna, donde pude escucharlas charlas como la del premio Nobel Cohen-Tannoudji y mesas redondas donde participaron algunos de mis referentes en divulgación como José Luis Crespo, de QuantumFracture, o Daniel Marín, de Eureka. Piezas clave de la divulgación española y a los que tuve la oportunidad de conocer, aunque sea solo un poquito… Me considero alguien humilde, pero no podía dejar pasar esta oportunidad para contar que yo también participé en dicho congreso con una charla titulada “De Kamino a Mustafar, un viaje por el Universo Star Wars”. En dicha charla comenté un poco las similitudes que existen entre los planetas que hay en Star Wars y los que están en nuestro Cosmos, además de explicar sus características y algún que otro dato curioso. Sinceramente no sé qué haré, pero puede que más adelante suba el vídeo de la charla a Youtube e incluso escriba una entrada sobre mi experiencia en el congreso (sólo decir que era el único de primero de carrera que exponía y eso es bastante raro, así que tenía más de un motivo para ponerme nervioso). Pero vamos a dejar de hablar, que esto ya se ha acabado. ¡Nos vemos más adelante con más ciencia!