El Sistema Solar posee cuatro planetas rocosos: Mercurio, Venus, Tierra y Marte. Los tres más alejados tienen una composición aproximada del 70% manto de silicatos y 30% núcleo metálico, mientras que el planeta más cercano al Sol es casi como una bola de hierro gigante. un cuerpo de 4879 kilómetros de diámetro con un 70% de elementos metálicos (principalmente hierro). Se trata de una característica que llama mucho la atención a los científicos, ya que es rara, al menos basándonos en nuestra experiencia, la existencia de un planeta que casi podría ser un núcleo sin corteza. Sin embargo, Mercurio no está solo, hay más cuerpos como él.

Mercurio.
(Fuente: www.wikipedia.org)

El protagonista de hoy, y gemelo del planeta más cercano al Sol, es K2-229b. Se trata de un exoplaneta que orbita a la estrella K2-229, ubicada a 340 años luz de la Tierra. K2-229 es una enana naranja, una estrella perteneciente a la secuencia principal y que se encuentra a medio camino entre las enanas rojas y las enanas amarillas tales como el Sol. Aunque está orbitada por dos cuerpos más, el planeta más cercano (K2-229b) sólo tarda 0.6 días en dar una vuelta a su estrella, es decir, se encuentra a unas 0.013 unidades astronómicas (una unidad astronómica es la distancia que separa la Tierra del Sol, entorno a 150.000 millones de kilómetros) y sufre temperaturas superficiales por encima de 2.330 K. Para daros cuenta de la magnitud de dichas temperaturas, solo decir que la superficie del Sol está a 5.000 K, por lo que ya 2.330 K es mucho, mucho calor.


Tal como su nombre indica, el exoplaneta fue descubierto por el Telescopio Espacial Kepler en 2018. Aunque estamos acostumbrados a los nombres tipo “Kepler-78b”, este posee otra denominación, denominación que se refiere a la misión que lleva actualmente el telescopio, la K2, activa desde noviembre de 2013. Una vez que fue confirmado mediante la técnica del tránsito (técnica ya explicada en numerosas entradas anteriores), los científicos de la Universidad de Warwick, de Marsella y de O Porto (participantes en el descubrimiento) usaron los datos obtenidos por el espectrógrafo HARPS, ubicado en el Observatorio de La Silla en Chile, para estudiar su composición.

Entre los resultados caben destacar su masa de 2,59 veces la de La Tierra, su radio de 1,16 veces el de nuestro planeta y su órbita casi circular, ya que esta posee una excentricidad entorno al valor cero. Además, los científicos también descubrieron que el planeta estaba cubierto por una fina capa de silicatos, de modo que su parecido con Mercurio aumenta mucho más.

¿Pero qué puede haber provocado esa composición? Son varias las teorías que se manejan entorno al origen de planetas como Mercurio, aunque hay algunas que tienen más probabilidades que otras. La más “loca” es aquella que defiende que Mercurio en realidad es un planeta ctónico, es decir, un gigante gaseoso que se acercó mucho a su estrella y perdió su toda atmósfera, quedándose tan sólo en un gran núcleo metálico. Dicha hipótesis se basa en que los gigantes gaseosos poseen núcleos sólidos, idea que ha sido descartada, al menos en Júpiter, gracias a los datos tomados por la sonda Juno. Por lo tanto, aunque nunca se sabe si puede llegar a ser cierto, al menos en el Sistema Solar tiene toda la pinta de que será descartada, a lo que hay que sumar la poca probabilidad de supervivencia de los planetas rocosos en el caso de que esto ocurriese. Otra teoría que se baraja es que su capa de silicatos fue fulminada debido a la intensa radiación que recibe de su estrella, ya se trate de Mercurio o de K2-229b. Dicho material habría sido vaporizado para formar una atmósfera de silicatos o directamente expulsado al espacio profundo, dejando tan sólo una “esfera” de hierro. Por último, también podría haberse dado el caso del impacto de un asteroide, un choque similar al que le ocurrió a la Tierra y que posteriormente formó la Luna, aunque en este caso lo único que habría sucedido sería la expulsión de los silicatos fuera del cuerpo en cuestión.

Por ahora, todo lo que acabo de decir son suposiciones, aunque alguna de ellas tiene más lógica que las demás. Toca esperar a que los astrónomos sigan descubriendo y estudiando planetas similares a Mercurio o K2-229b, de forma que el número de datos sea mayor y se puedan plantear hipótesis con más probabilidades de ser cierta. Sin embargo, hasta ahora hemos descubierto infinidad de planetas distintos en el Cosmos, por lo que no podemos garantizar que se hayan formado de la misma manera, aunque algunos de ellos sean de características similares. Nos quedan muchos secretos por descubrir de nuestro Sistema Solar y ya os podéis imaginar cuántos nos quedan en el Universo observable… Mientras tanto, la Agencia Espacial Europea (ESA) prepara la próxima misión que visitará el planeta más cercano al Sol, la BepiColombo, cuyo lanzamiento está previsto para octubre de 2018 y cuya llegada se espera para 2025, abriéndonos una nueva ventana a los misterios que nos guarda el planeta de hierro.