Esta semana no estaba seguro de si publicar algo acerca del Cinturón de Kuiper o seguir ampliando información sobre el Cinturón de Asteroides, ya que en la anterior entrada se quedaron algunos aspectos importantes sin tratar. Finalmente, me he decidido por lo segundo, aunque puede que esta entrada no sea muy larga. La verdad es que los exámenes están cada vez más cerca y estoy con muy poco tiempo libre. Intentaré publicar estas semanas, aunque puede que el 5 de junio no haya entrada, depende de cómo me trate la universidad. Pero hoy sí que hay, así que vamos a seguir desvelando los secretos del Cinturón de Asteroides.

En la entrada anterior comentamos qué era, cuál era su origen, qué tipo de asteroides lo componían, etc. También nombramos por encima algunos de los cuerpos más importantes, pero no dimos suficientes detalles sobre ellos. ¿Cuáles son? ¿Tienen alguna importancia? ¿Han sido visitados alguna vez? Cuestiones que serán contestadas a continuación.

Cráter Occator (Ceres).

(Fuente: www.nasa.gov)

El objeto más famoso del Cinturón de Asteroides es, sin lugar a dudas, Ceres. Técnicamente no es un asteroide, sino un planeta enano, el más cercano al Sol. Tiene un diámetro de 952,4 km, convirtiéndolo en el objeto más grande de esta zona del espacio comprendida entre Marte y Júpiter. Además, fue el primer cuerpo del cinturón descubierto y por un tiempo fue considerado un planeta más. Todo el follón de Ceres comienza en 1768, cuando el astrónomo Johann Elert Bode sugirió la existencia de un planeta entre el último de los planetas rocosos y el primero de los gaseosos, es decir, el mundo de roca más frío de todos. Pero, ¿cómo estuvo tan seguro de la existencia de dicho cuerpo? Obviamente, no lo dijo a boleo, si no que se basaba en una ley matemática que estaba de moda en ese momento, la ley de Titius-Bode.

Se trata de una sucesión matemática que relaciona las distancias de los planetas al Sol. Su fórmula es a=(n+4)/10, donde n=0, 3, 6, 12… siendo n= 2(n-1), es decir, el doble del número anterior. Si se realizaban estas cuentas, daban unos valores de 0,4; 0,7; 1… A primera vista estos números no nos dicen nada, pero si se les mira con mayor atención, uno acaba cayendo en que se trata de las distancias al astro rey de Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter y Saturno. Posteriormente, con el descubrimiento de Urano, esta casualidad pasó a tomarse más en serio, ya que también se cumplía con el planeta gaseoso descubierto por William Herschel. Por lo tanto, debería haber otro cuerpo entre Marte y Júpiter, ¿no?

Por ello, en el Congreso de Gotha (Alemania), celebrado en 1796, el astrónomo francés Lalande recomendó la búsqueda del quinto planeta rocoso, dividiendo el zodiaco en cinco partes donde cinco astrónomos diferentes buscarían. Sin embargo, estos no tuvieron éxito, ya que el 1 de enero de 1801, Piazzi (astrónomo italiano) detectó un objeto que finalmente resultó ser Ceres. Dicho objeto se convirtió en el quinto planeta hasta que en 1850 se empezaron a descubrir otros cuerpos a su alrededor, pasando a formar parte del Cinturón de Asteroides como planeta enano.

Por otro lado, el interior de Ceres es un misterio. Se sospecha que podría estar formado por una corteza de roca y hielo, un helado manto y un núcleo rocoso, incluso puede que exista un océano bajo su superficie. Aunque esto es sólo una teoría. La superficie está llena de cráteres cuyo origen se remonta a un violento pasado, cuando Ceres no era más que un protoplaneta. Los científicos creen que se trató de uno de los numerosos protoplanetas que existieron durante los inicios del Sistema Solar. Sin embargo, y al contrario de lo que les pasó a muchos de ellos, Ceres nunca terminó de formar parte de un planeta o de ser expulsado de nuestro hogar en el Cosmos, conservando su forma y reinando en el Cinturón de Asteroides. Otras teorías defienden que Ceres se formó en el Cinturón de Kuiper, pero que finalmente fue expulsado al interior del Sistema Solar, aunque la primera hipótesis es mucho más probable.

Secuencia de imágenes tomadas por la sonda Dawn.

(Fuente: www.nasa.gov)

Otro aspecto a destacar de su superficie es la presencia de agua en forma de escarcha, pudiendo producirse evaporaciones cuando una de estas zonas da directamente al Sol. Dicho gas podría ser retenido por la gravedad del planeta enano, formando una tenue atmósfera de vapor de agua que los científicos todavía no han sido capaces de captar. Sin embargo, es muy probable que este vapor acabe abandonando el planeta debido a la baja atracción gravitatoria (0,28 m/s^2). Este hallazgo es relativamente reciente, ya que la presencia de agua se pudo confirmar en 2015 gracias a los instrumentos de la sonda Dawn, una de las primeras misiones en visitar un planeta enano. También se pudieron detectar la presencia de diversas sales en forma de misteriosas manchas brillantes que en un principio causaron gran controversia. Finalmente, se supuso que estas estaban formadas por algún tipo de salmuera que contenía magnesio hexahidratado o arcillas ricas en amoniaco.

Y creo que esto es todo por hoy. Ya sé que en un principio iba centrarme más en el Cinturón de Asteroides, pero finalmente he acabado hablando sólo de Ceres. Espero que la próxima semana, si puedo, terminemos ya con esto o hablemos directamente del Cinturón de Kuiper. De todos modos, creo que ambos son temas muy interesantes en los que vale la pena ahondar un poco. ¡Os espero la semana que viene (si los exámenes me lo permiten) con más ciencia!