En la entrada anterior comentábamos características generales del Cinturón de Kuiper, además de nombrar alguno de sus cuerpos más representativos, como Plutón, Caronte, Makemake, Eris… Este último llamaba la atención debido a la enorme distancia que lo separaba de los demás, una distancia que era capaz de poner en duda su pertenencia al cinturón. Si nos ponemos tiquismiquis, podríamos decir que Eris pertenece al disco disperso, una región del Sistema Solar entre el Cinturón de Kuiper y la Nube de Oort (de la que seguro hablaremos más adelante). Sin embargo, poco más comentamos del planeta enano, por lo que hoy nos centraremos en descubrir muchos de sus secretos.

Artist’s impression of the dwarf planet Eris
Ilustración de Eris (Fuente: www.space.com)

Eris, la diosa de la discordia en la mitología griega, se encuentra a una distancia de 35 UA del Sol en su punto más cercano y a 97 UA en el más alejado. De hecho, en su punto de máxima aproximación al Sol, Eris y Neptuno (el más lejano de los planetas) sólo están separados por 5 UA, es decir, 5 veces la distancia que separa la Tierra del astro rey. Aunque no se trata del planeta enano de mayor tamaño, sí que es el de mayor masa, por lo que su densidad es superior a la de Plutón. Posee un diámetro de 2362 km y una masa de 1,67×10^22 kg (un 27% mayor que la de Plutón). Además, está orbitado por un pequeño satélite llamado Disnomia, un cuerpo rocoso 60% más pequeño que Eris y con 350 km de diámetro. Con este hallazgo, realizado en 2005, se descubrió que los cuatro principales objetos del Cinturón de Kuiper poseían lunas (Plutón, Haumea, Makemake y Eris).

El planeta enano Eris llegó a conocimiento de la Humanidad el 29 de julio de 2005, aunque ya se había observado anteriormente. El equipo de astrónomos liderado por Michael Brown detectó el posible cuerpo gracias a imágenes tomadas en 2003, aunque este hallazgo no se anunció hasta la fecha antes citada. La publicación del descubrimiento vino acompañado por el de otros dos objetos que ya hemos nombrado: Makemake y Haumea. La posible lluvia de nuevos cuerpos que estaba comenzando llevó a la Unión Astronómica Internacional a plantearse unas de las preguntas más polémicas de los últimos años: ¿debían redefinir el término de planeta?

Muchos ya conocéis cuál es mi opinión sobre el tema, al menos en el caso de Plutón. Considero que este debería conservar el término de planeta y Caronte el de satélite, aunque también creo que la definición es correcta. Ya sé que en el caso de Júpiter la órbita no está completamente limpia, pero la diferencia de masa entre el planeta y los satélites troyanos es abismal. Plutón llevaba casi un siglo como planeta, ¿por qué no dejarlo tal como está?

Eris-Ecliptic
Representación de la órbita de Eris. (Fuente: www.lunarplanner.com)

Sin embargo, no ocurría lo mismo para el resto de objetos recién descubiertos. Es verdad que si nos limitábamos a la definición anterior, ahora mismo el Sistema Solar tendría más de una veintena de cuerpos. Hagámosle un favor a los escolares y no sigamos añadiendo elementos a la lista. Denominemos al resto de cuerpos como planetas enanos y dejemos a Plutón conservar su título histórico de planeta. Así que este fue el origen de todo el follón, el conflicto generado por el descubrimiento de estos tres pequeños objetos rocosos. ¿Cuál hubiese sido la medida correcta? Esa es una pregunta que cada uno debe contestar.

Y después de esta discusión acerca de las denominaciones de los planetas enanos, volvamos a centrarnos en Eris y adoptemos una redacción más objetiva. Anteriormente comentamos que la densidad de Eris era bastante mayor que la de Plutón, pero ¿a qué se debe? Gracias a los datos aportados por la sonda New Horizons, sospechamos que el interior del ex-planeta está formado por un núcleo rocoso y una gran cantidad de agua bajo una superficie formada en general por nitrógeno sólido. Con esta información podríamos deducir que Eris posee, o no, una menor masa de líquido, siendo principalmente roca, lo que explicaría el dato de la densidad.

También destacar que, después de Encélado, es el cuerpo del Sistema Solar con un mayor albedo (0,96, es decir, refleja el 96% de la luz que recibe). Esto lo convierte en un cuerpo muy brillante, hecho que podría explicarse por la presencia de metano congelado en su superficie. La existencia de este compuesto, demostrada por el estudio mediante infrarrojos del cuerpo, hace pensar a los científicos que Eris es muy similar a otros objetos como Plutón, Caronte y Tritón. Se sabe con bastante certeza que los dos primeros, incluido Eris, proceden del Cinturón de Kuiper, de ahí que posean características similares. Sin embargo, Tritón es la mayor luna de Neptuno y, por lo tanto, está bastante alejado del cinturón, así que ¿por qué comparte estas características? La explicación más probable es que la luna del gigante gaseoso nació en el Cinturón de Kuiper, siendo posteriormente capturada por el planeta, al igual que le ha pasado a muchos cometas y asteroides. Un destino que, en el Sistema Solar, es más común de lo que pensamos.

Y creo que esto es todo por hoy. Aunque no ha sido una inspección completa a Eris, algunos de sus datos me han servido para comentar cosas que perfectamente podrían ocupar una entrada entera, pero que me he limitado a resumir. Al igual que con el resto de publicaciones, espero que esta os haya gustado. Y respecto a la nueva ubicación del blog, sólo decir que, como es normal, estamos un poco de capa caída respecto a visitas, así que si os interesa, no estaría mal que lo compartierais con amigos. ¡Que la ciencia llegue a todos los lados! ¡Nos vemos el martes!