Hoy os traigo algo nuevo, concretamente una sección. ¡Comenzamos un apartado de colaboraciones! Las primeras en hacerlo serán mis amigas del blog Harguel, una estupenda bitácora de divulgación científica, con cuyas creadoras tuve el placer de contactar por Twitter. Lo mejor de todo es que son de mi edad y, la verdad, no es fácil encontrar gente tan joven en este mundillo. Hasta ahora me encontraba un poco solo. Tomamos contacto gracias al concurso Ciencia Clip, al cual ellas se presentan con un video genial. Si queréis echarle un ojo (aunque ya se acabaron las votaciones populares) os invito a que entréis en el enlace anterior, además de echarle un vistazo al blog. Bueno, creo que es hora de que me calle y deje paso a su entrada. Así que adelante:

Auroras polares.

Todos habremos quedado fascinados alguna que otra vez con vídeos así:

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Aurora boreal (Fuente: www.giphy.com)

Un cielo nocturno, plagado de brillantes estrellas, que de repente se ilumina y queda plagado con maravillosos destellos verdes, azules e incluso rosados. Un espectáculo bellísimo que tan solo unos pocos pueden disfrutar porque, como sabrás, estamos hablando de las auroras boreales (aunque también existen de otro tipo como explicaremos a continuación).

Uno de los protagonistas de este espectáculo es nuestra querida y calentita estrella: el sol. Pese a que se halla a la escalofriante distancia de 149,6 millones de kilómetros, desde él recibimos sus efectos en forma de viento solar. Se trata de una corriente de partículas, generalmente electrones, protones y partículas alfa, que son liberadas desde la corona solar y llegan hasta el resto de planetas.

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Representación del choque del viento solar con el campo magnético terrestre. (Fuente: www.youtube.com)

Este flujo de partículas cargadas llegan a nuestro planeta y chocan con nuestro segundo protagonista: el campo magnético terrestre. Este campo funciona como una especie de escudo contra la radiación solar que antes mencionábamos. Su función es la de desviar las partículas procedentes de nuestra estrella. También, como algunos sabréis, se emplea en las brújulas, ya que utilizan este campo para marcar el norte (aunque si bien es cierto que existe una leve variación entre el norte geográfico y el magnético).

Ahora que conocemos a los artífices de este hecho veamos cómo se produce. Cuando el viento solar llega a la Tierra, se topa con el campo magnético que ésta emite. Una característica muy curiosa de estas partículas es el hecho de que quedan atrapadas en las líneas imaginarias del campo magnético y se desplazan a lo largo de ellas. Cuando chocan con átomos localizados en la atmósfera terrestre, provocan su excitación. Para regresar a su estado fundamental, estos elementos liberan energía de forma luminosa dando lugar a este curioso y magnífico fenómeno.

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Representación del viento solar. (Fuente: www.definicionabc.com)

El color de la aurora viene determinado por la especie atómica más abundante en la zona de la atmósfera. Es decir, si la concentración de oxígeno es mayor, la radiación que se emitirá será de color verde cuando la longitud de onda sea equivalente a 557,7 nm, mientras que el color más rojo se producirá con una longitud de onda mayor (630,0 nm) menos frecuentes en estos fenómenos. Por otro lado, si lo que abunda es el nitrógeno, el color que se producirá será el azul. Esto se debe al espectro visible de la luz.

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Espectro visible con longitudes de onda. (Fuente: www.wikipedia.org)

Sin embargo, como decíamos, tan solo unos pocos pueden disfrutar de este acontecimiento. Cuando ocurre en el polo norte se denomina aurora boreal, mientras que cuando tiene lugar en el polo sur recibe el nombre de aurora austral.

Por último, comentar que nuestro planeta no es el único que experimenta este fenómeno ya que se ha detectado que otros grandes como Júpiter también acogen en su cielo este gran espectáculo.

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Auroras observadas en Saturno, crédito de NASA/ESA/Hubble.

Y esto es todo. Vuelve a hablar Daniel, del blog 100ceros (ese que estáis visitando). Espero que os haya gustado la entrada y que os entre la curiosidad y visitéis su blog. Vale mucho la pena. También deseo que esta no sea la última colaboración que haga con las dos magníficas divulgadoras que escribieron la entrada. El jueves intentaré volver a publicar, hay que aprovechar el verano. ¡Un saludo!