En la entrada anterior comentamos el origen de los anillos de Saturno, una de las estructuras, en mi opinión, más impresionantes del Sistema Solar. Hablamos sobre las posibles teorías que se barajan acerca de su formación, así como datos sobre estos y sobre el planeta al que orbitan. De todos modos, no os voy a dar más la lata. Ya sabéis que toda la información la tenéis en el siguiente enlace, así que a disfrutar.

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Fotografía de Neptuno y Tritón tomada por la Voyager 2. (Fuente: www.space.com)

Hoy nos alejaremos bastante más, ya que nos dirigiremos al último de los planetas del Sistema Solar. (Podría ser Plutón, pero me temo que no; aunque en mi corazoncito siempre tendrá el título honorífico de planeta…) Hablamos de Neptuno. Como ya nombramos el otro día, todos los planetas gaseosos tienen anillos, aunque ninguno se asemeja a los de Saturno. En este caso, el último de los planetas tiene unos muy finos y que apenas se ven, por lo que no fueron confirmados hasta 1989 con la visita de la Voyager 2 (en ese momento ya se tenían evidencias gracias a observaciones realizadas desde la Tierra). También se debe indicar que se trata del cuarto planeta en tamaño y en tercero en masa, de modo que es algo más denso que su “gemelo” Urano. Al igual que todos los planetas a partir de La Tierra, incluyendo esta, Neptuno posee satélites, una gran cantidad. Un total de catorce lunas de las cuales destaca una en particular: Tritón.

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Detalle de la superficie de Tritón. (Fuente: www.wikipedia.org)

Podríamos adentrarnos más en las interesantes características físicas y químicas del planeta, pero no es la cuestión que nos interesa. Hoy el protagonista va a ser la luna que acabamos de citar, un objeto que supone el 99% del material que orbita al planeta. Su tamaño lo hace destacar entre los otros satélites, ya que su diámetro es casi siete veces mayor que el de la segunda luna más grande, Proteo. Sin embargo, no es la única característica que lo hace especial. ¡Su órbita es retrógrada!

Vale, vale, vamos a parar el carro. Lo primero, ¿qué significa retrógrada? Una órbita retrógrada es aquella que va en el sentido horario si observamos el cuerpo desde el polo norte solar, es decir, desde “arriba”. Neptuno gira sobre sí mismo de manera prógrada, lo que significa que gira en el sentido antihorario, al igual que todas sus lunas entorno a él, excepto una. Este cuerpo que le lleva la contraria a Neptuno es, efectivamente, Tritón, lo que lo convierte en un objeto muy especial. Así que ahora toca responder la pregunta más importante: ¿por qué?

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Ejemplo de un planeta con giro prógrado y una luna con órbita retrógrada, tal como ocurre con Neptuno y Tritón. (Fuente: www.wikipedia.org)

Como ya hemos explicado varias veces en este blog, el Sistema Solar tuvo una etapa de su vida que consistió en un disco protoplanetario. Se trata de una especie de disco de acreción, un acumulación de material, alrededor de una protoestrella que más tarde se convertiría en el Sol. Los elementos más pesados fueron atraídos hacia el interior de dicho disco, donde se acumularon formando los planetas rocosos. Mientras, los más ligeros, se dirigieron al exterior y formaron allí los planetas gaseosos. Luego vinieron una serie de migraciones de planetas hasta sus órbitas actuales, pero eso es otra historia. Lo que nos interesa de verdad es que no solo se formaron discos de acreción entorno al Sol, sino también entorno a los planetas. A medida que iban aumentando de tamaño, los protoplanetas poco a poco fueron aumentando su masa y acumulando más material a su alrededor que más tarde pasaría a formar parte de estos. Dicho material componían los discos que acabamos de nombrar.

A medida que se formaron los planetas, los restos de material que habían sobrado en su formación fueron esparciéndose por el Sistema Solar y siendo atrapados por los diferentes cuerpos. Estos nuevos discos se fueron concentrando en puntos concretos para formar satélites. Por dinámica, estos discos, y los productos que sugieran de él, deberían seguir el sentido de rotación del planeta, ya sea horario o antihorario. Se trata de una situación que encontramos en nuestra luna, en los satélites galileanos y en gran parte de las lunas del Sistema Solar. Pero, como ya comentamos, esto no ocurre con Tritón. Así que podemos deducir que no se formó tal como explicamos.

Sabemos que los satélites más pequeños de planetas como Saturno o Júpiter son asteroides que se toparon con los gigantes gaseosos y que no pudieron escapar de su atracción gravitatoria. Cuerpos deformes, procedentes del exterior, que se internaron en el Sistema Solar y que no volvieron. Y este es el origen de Tritón como luna, aunque algunos detalles de su historia son algo diferentes…

A diferencia de la mayoría de cuerpos capturados, Tritón es un cuerpo bastante esférico y con un gran tamaño. De hecho, es algo mayor que Plutón. Y es que aquí no acaban las comparaciones con el ex-planeta, ya que es muy posible que ambos objetos tuvieran el mismo origen.

Según la UAI, Plutón es un planeta enano o plutoide, un tipo de cuerpo bastante común en el Cinturón de Kuiper, donde también podemos encontrar otros de su especie como Sedna, Haumea, Eris o Makemake. Cuerpos helados de forma muy esférica y que orbitan más allá de Neptuno. Sin embargo, vamos a centrarnos en Plutón.

El ex-planeta tiene una órbita que se interna en la de Neptuno, algo que perfectamente pudo haberle pasado a Tritón. Sin embargo, la luna no tuvo tanta suerte, ya que en algún momento se acercó demasiado al planeta y fue capturado por este. Aunque la órbita retrógrada de la luna respecto a la prógrada del planeta es una razón de peso para considerar esta idea, no es la única, ya que la composición química también juega un importante papel. Gracias a los datos obtenidos de Tritón por la sonda Voyager 2 (único objeto fabricado por la Humanidad que ha visitado el planeta), los científicos pudieron comprobar que compartía una composición similar con el plutoide. Esto terminó por da solidez a su teoría, pudiendo afirmar que ambos cuerpos surgieron en el mismo lugar del Sistema Solar.

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Sonda Voyager 2. (Fuente: www.wikipedia.org)

Sin embargo, la historia de Tritón no es un cuento con final feliz. Desgraciadamente, la luna está condenada a desaparecer. La órbita de Tritón es muy extraña, ya que posee una inclinación de 157º respecto al ecuador del planeta, probablemente fruto de la captura de esta. Pero por otro lado, la excentricidad de dicha órbita es casi cero, es decir, se trata de una circunferencia casi perfecta. Las fuerzas de marea que ejerce Neptuno sobre esta hacen que la luna se esté acercando cada vez más al planeta, a diferencia de lo que ocurre en el sistema Tierra-Luna, donde nuestro satélite se aleja cada año un poco más. Tal como explicamos en la entrada anterior, cuando un satélite supera el límite de Roche de un planeta, las fuerzas de marea y las fuerzas que mantienen al planeta entero se desequilibran, ganando las primeras. Esto provoca que la luna se despedace y acabe formando un anillo de polvo alrededor del planeta, destino que acabará sufriendo Tritón. Por la masa del satélite es muy probable que el sistema de anillos que produzca la muerte de Tritón sea de un tamaño considerable, pudiendo transformar al planeta en un segundo Saturno, fenómeno que ocurrirá en 3.600 millones de años (por lo que habrá que esperar…).

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Fotografía de los anillos actuales de Neptuno captada por la Voyager 2. (Fuente: www.nasa.gov)

Y esto es todo por hoy. Tritón no es únicamente interesante a nivel físico, ya que son muchas las características que convierten a este cuerpo en un objeto muy especial. Intentaré en futuras entradas hablar más sobre esta luna y terminar de desvelar todos sus secretos. Espero que la hayáis disfrutado y, ya sabéis, volveremos con más ciencia.