Hace poco terminé de leer la novela “Contacto”, de Carl Sagan, un libro donde el autor nos plantea cómo reaccionaría la Humanidad frente al contacto (nunca mejor dicho) con una civilización alienígena. Al contrario de como podría parecer, esta entrada no es una reseña de dicha novela, si no un análisis de una de las herramientas que más han dado que pensar sobre este tema: la ecuación de Drake.

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Portada de la película Contact, basada en el libro homónimo. (Fuente: www.taringa.net)

Es verdad que el término herramienta no es del todo correcto, ya que básicamente dicha ecuación no nos sirve de ninguna utilidad más allá de reflexionar sobre nuestro lugar en el Cosmos. También es cierto que sí podemos obtener resultados numéricos con ella, pero en ningún momento podemos confirmarlos, ya que la mayoría de los datos que usamos proceden de meras suposiciones. Así que hoy presentaremos y expondremos todos los secretos de dicha fórmula matemática.

Antes que nada, tendríamos que presentar a su autor, Frank Drake. Aunque no es tan conocido como Carl Sagan, Drake tuvo un papel fundamental como presidente del Instituto SETI. Para aquellos que no sepan qué es esta organización, solo deciros que el Instituto SETI se encarga de la búsqueda de civilizaciones extraterrestres mediante el estudio de las ondas electromagnéticas que nos llegan desde el Cosmos. Dicho instituto ha tenido un importante papel en la búsqueda de vida fuera de nuestro planeta, así como en la difusión de la ciencia al público general mediante programas de radio y podcast, por lo que no debemos pensar que se trata de cuatro sujetos del Canal Historia buscando una explicación sobre quién construyó las pirámides de Egipto… Entre sus figuras destacadas, a parte de Drake, también podemos encontrar al propio Sagan, Gordon Moore (cofundador de Intel) o Charles Townes (inventor clave del láser).

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Frank Drake. (Fuente: www.wikipedia.org)

Pero centrándonos de nuevo en Drake, podemos decir que su ecuación fue formulada mientras trabajaba en el Observatorio Nacional de Radioastronomía (Virginia Occidental, EE.UU) en 1961. Dicha fórmula nos informa sobre la cantidad de civilizaciones extraterrestres que hay ahí fuera y que son capaces de emitir señales de radio, teniendo en cuenta los siguientes factores: el ritmo actual de formación de estrellas adecuadas en nuestra galaxia (R*), la fracción de estrellas que tienen planetas (Fp), el número de planetas que orbita en la zona de habitabilidad de la estrella (Ne), la fracción de planetas que ha desarrollado vida (Fl), la fracción de planetas donde se ha desarrollado vida inteligente (Fi), la fracción de planetas donde se ha desarrollado una civilización inteligente que intenta comunicarse mediante el uso de tecnología (Fc) y el tiempo de vida de esa civilización (L). Ya sé que todos los conceptos así seguidos no dicen mucho, por lo que a continuación vamos a intentar explicarlos.

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Ecuación de Drake. (Fuente: www.habtium.es)

El primero de ellos es el ritmo actual de formación de estrellas adecuadas. Pero ¿qué son las estrellas adecuadas? Estos astros serían de tipo K o de tipo G (como el Sol), estrellas no muy pequeñas pero tampoco muy grandes, con una vida lo suficientemente tranquila para no aniquilar cualquier signo de vida sobre los planetas que posea. Para Drake, en nuestra galaxia se formaban unas diez estrellas cada año, mientras que según los últimos datos de la ESA y la NASA son unas siete. Sin embargo, para las agencias espaciales esas son las estrellas totales que se forman, no sólo las adecuadas. De modo que esta cifra se reduce hasta 1,379 estrellas anuales adecuadas.

El siguiente concepto es la fracción de estrellas que tienen planetas, por lo que no creo que sea necesario explicarlo más. A continuación el número de dichos planetas que está en la zona de habitabilidad, es decir, aquellos planetas que no se encuentran ni muy lejos ni muy cerca de su estrella, de manera que pueda haber agua líquida en su superficie. Obviamente si nos ceñimos sólo al agua, podemos estar descartando otras formas de vida que se basen en otro compuesto, de modo que este es uno de los puntos más débiles de dicha ecuación. Sin embargo, también hay que decir que sólo hemos conocido vida basada en el H2O, por lo que tomaremos este compuesto como referencia.

Luego hay que especificar cuántos de esos cuerpos han desarrollado vida, ya que la presencia del planeta en la zona de habitabilidad no nos asegura en ningún momento la existencia de vida. Por ejemplo, la Tierra y Marte se encuentran en esta zona del Sol, pero sólo uno de ellos ha desarrollado la vida (que sepamos…), mientras que el otro es un páramo helado sin presencia permanente del preciado líquido. El siguiente factor es la fracción de dichos mundos que ha desarrollado vida inteligente, entendiéndose como inteligente una especie similar a la humana (aunque se trate de un tema muy polémico).

Finalmente, tenemos la fracción de planetas donde la vida inteligente ha inventado la tecnología y ha intentado comunicarse y el tiempo de vida de esta. La tecnología nos lleva acompañando desde hace miles de años, desde que nos dedicamos a afilar piedras para defendernos u obtener alimento, pero no fuimos capaces de enviar una señal electromagnética al espacio hasta el siglo XX. Y el último término de la ecuación es el lapso de tiempo que dicha civilización puede existir, algo que tampoco sabemos, por lo que sólo podemos hacer cálculos aproximados.

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Arecibo (Puerto Rico), quizás, el más famoso de los radiotelescopios. (Fuente: www.hipertextual.com)

Para Drake, los valores de todos estos parámetros eran los siguientes: 10 estrellas al año, la mitad de ellas tienen planetas, cada una de estas estrellas tienen dos planetas en la zona de habitabilidad, de los cuales todos podrían desarrollar vida, aunque solo el 1% albergaría vida inteligente. De toda esta vida inteligente, sólo el 1% intentaría comunicarse durante sus 10.000 años de existencia. Obviamente, la mayoría de estos datos son suposiciones, suposiciones que nos dan como resultado unas 10 civilizaciones avanzadas detectables en toda la galaxia. Además de los cálculos de Drake, también se han realizado numerosos estudios por parte de diversos astrónomos y organismos, dando como resultado un número de civilizaciones mayor o menor, dependiendo del optimismo de cada uno (aunque siempre intentando ajustarse a la realidad).

También hay que destacar que no todos están de acuerdo con la fórmula en sí, de manera que han surgido variaciones de esta a lo largo de los años. Si nos ponemos a explicar todas sus variantes, tanto en cálculo como en la forma de la ecuación, no terminaríamos nunca, por lo que sólo he querido centrarme en la original. Como ya he contado antes, esta ecuación se planteó sobre todo para reflexionar acerca de nuestro lugar en el Cosmos, de nuestros posibles compañeros de viaje y sobre si alguna vez podremos comunicarnos con ellos. Un tema de lo más interesante siempre que no lo tratemos como una serie de teorías conspiratorias y nos centremos en ser lo más racionales posibles. Así que nos vemos la semana que viene con más ciencia.